domingo, 13 de marzo de 2016

"Vaya tropa"


Permíteme Luis que utilice tu acertado giro lingüístico para dar título al corrido de este mes, pero nunca expresión más acertada ha definido más adecuadamente lo que ocurre en este País, donde hasta los jugadores de la selección de balonmano ya no son españoles, son hispanos, como los sudamericanos en yanquilandía.
 
Sí, esa España que dicen se escapa como la arena de las manos. Donde unos están a cuidar de su pesebre de oro, mientras otros pastan en el cercado. Aquellos que aspiran a generales están dando tal ejemplo de honestidad que ha quedado por debajo de la tropa. 40 días desde las intempestivas elecciones y sin noticas del frente. Los alféreces provisionales alentando pactos a su conveniencia. Los coroneles bailando el agua a los jóvenes impetuosos que les dirigen. Y lo más granado de los reservistas de postín, haciendo malabares dialecticos para confundir al populacho necesitado de soluciones. Mientras la clase de tropa imitando a los jefes, jugando a la confusión y la política de alcoba. No es posible que un País serio esté tanto tiempo sin ejecutivo y sin prisas, porque no lo recoge la Constitución dicen. Porque no hay plazo ni Ley que obligue a espabilar, argumentan. Por ello y mientras no intente la investidura el que se ha negado a hacerlo, de momento, o el que lo quiere más que un niño una play station pero no le dejan; aquí seguiremos el resto, jodidos en la incertidumbre del sin gobierno, esperando a que empiecen a correr los dos meses para convocar nuevas elecciones que dos gallos desean y que otros dos evitaran a toda costa. Y Felipe uve palito, con el marrón de no pintar nada y de negativa en negativa de los que no quieren comerse su marrón.
 
La verdad es que nada parece quedar de aquellas buenas maneras, dedicación, honradez y dignidad que se les suponía a los dirigentes políticos, y digo suponía, porque honrados precisamente han salido pocos de aquellos padres de la transición. Y es que ¡vaya tropa!. Las listas de acusados por mangantes no para de subir, con el PP a la cabeza, que ya están encausados no sus integrantes, sino como organización dedicada a trincar y repartir mordidas a los miembros de la banda. El PSOE le sigue de cerca. Los mandantes catalanes a lo suyo pero con el calzón también sucio. Hasta los nuevos ya tienen puntos negros en sus líneas rojas. Pero se nota quien manda, mande quien mande. La doctrina que fue válida para no juzgar a un banquero, no sirve para una Infanta de España que calienta banquillo junto a su em-palmado marido. Mientras el día a día, en las casas de todos necesitamos impedir decisiones que nos afectan negativa y directamente al futuro de todos, porque el paro sigue presente, los salarios caen y la pobreza sigue ganando terreno al bienestar. Todo ello por las ambiciones desmedidas de cuatro gallos que a fuerza de alborotar el gallinero están haciendo peligrar hasta sus supuestas cifras macroeconómicas. Ya se acabaron los tiempos de los grandes líderes políticos, de los estadistas. Ahora se llevan los tronistas del hormiguero, de la cocina de Bertín o de las mañanas de Ana Rosa, salir bien en la foto, dar mucho la mano, pasearse por fitur o caer bien a tertulianos. En definitiva prodigarse hasta el empacho en la caja tonta, porque si no lo haces estás muerto, miren si no el reguero de cadáveres políticos que ha dejado el tubo catódico en solo dos meses. Pero a no tardar esa caja tonta empezara a llenarse de noticias de aquella prima que nos puso a todos en riesgo del rescate. O las advertencias de la Teutona de nombrar ella al presidente como en Italia. Porque al fin y al cabo, gobierne quien gobierne, seguirán mandando los que de verdad mueven los hilos, los mercados.
 
Y amigo Luis no te preocupes porque en este País la ignorancia y la estupidez van de la mano y es algo que viene de largo, ya hace 400 años que está escrito como al bueno de Sancho le ocurrieron cosas similares en el camino al castillo del duque y Don Quijote le dio sabio consejo que yo acierto a repetirte: «No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar: ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren; y es querer atar las lenguas de los maldicientes lo mesmo que querer poner puertas al campo.» (Cap. LV Libro II) Salud, porque ¡vaya tropa!.

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