jueves, 14 de agosto de 2014

“La idiotez del pechero”

Cuando Marianocho Rajoy entró altivo y decidido en la rueda de prensa a contarnos en 27 minutos que esto estaba arreglado, que la recuperación era un hecho, que había venido para quedarse y que todos contentos podíamos irnos de vacaciones pues esto de la crisis se había terminado, solo pude pensar que este País es un cachondeo y que los que nos dirigen piensan que los pecheros somos idiotas. 
 
Sr. Rajoy, yo no sé de retórica macroeconómica. Yo no sé si un valor de crecimiento relativo del 1,5% revisado al alza es la hostia. No sé si la recuperación que usted pregona es la de todos o la de las altas instancias. Yo, como mucha gente, solo sabemos lo que ganamos. Solo sabemos que cada día cuestan más las cosas. Solo sabemos que si la crisis se ha terminado ¿porque el paro ha aumentado en 800.000 personas en sus tres años de gobierno y a pesar de su reforma laboral? Solo sé que su recuperación me ha venido acompañada de una subida de la luz en julio del 17,8% y que es la más cara de Europa. Solo sé que en ese mismo tiempo el presupuesto de educación ha caído un 24%. Que la ministra del confeti nos ha colocado el copago sanitario universal. Que Gallardón nos ha endiñado las tasas judiciales y encima nos dice usted Sr. Presidente, que la justicia “ahora” está tratando a todos por igual. Que hemos perdido libertades públicas que costaron décadas conseguir. Que 300.000 españoles se van cada año a trabajar fuera en busca de una salida real a la crisis. Que la corrupción que prometieron atajar nos cuesta 860 euros al año a cada español y los chorizos están en la calle, con sus aforamientos, sus trajes, sus buenos sueldos y sus bronceados. ”Me da igual la condena yo ya no soy político”, espeta Baltar (expresidente de la Diputación de Ourense y del PPdeG), condenado por enchufar, entre otros, a 104 amigos como funcionarios, ¿y que pasa ahora con esa gente que entró a dedo? ¿O que pasa con los del Tribunal de Cuentas que, supuestamente, conocían el examen? ¿Y Fabra, padre de la del “que se jodan” y expresidente de la Diputación de Castellón, que está juzgado y condenado a 4 años de cárcel pero que hasta septiembre el juez no le dirá cuando entra al talego? Claro tiene que broncearse antes de pasar a la sombra. O lo del alcalde de Torrevieja. O lo del Aneri en Madrid y los cursos de formación. Todos gente del PP, si, del PP el del Gobierno. Gente que dice haber dedicado su vida al servicio público, a los ciudadanos. Pero eso sí, bien pagados. Voluntarios dedicados al servicio público son Caritas, Cruz Roja, Protección Civil o las ONG’s, no el vivir del cargo político toda la vida. Que nadie piense que se me olvidan los demás: Los de los planes de pensiones en Europa, los de los ERE, lo del “Honorable President” Pujol, que se inventa una independencia para esconder lo robado. Sí, todos esos Baltar que tenemos en este País y que se pasean con la seguridad caciquil del favor de sus prebendas. Todos ellos estrellas rutilantes de ese firmamento de presuntos –y no tan presuntos– corruptos que forman parte de la colección “jeta ibérica” del álbum que vamos llenando de cromos.
 
Sr. Rajoy en este País se protege a los tunantes. Se achicharra al vecino. Se premia a los banqueros. Se persigue al del salario y se libera al que estafa. Eso es lo que ve el ciudadano que está en la calle desahuciado, habiendo 3 millones de casas vacías. Esa es su recuperación, pero no la del pechero y por eso le crece la nariz cada vez que habla.
 
Pero también he tenido la ocasión de escuchar al mundo real, al del esfuerzo y sacrificio, el que me contaron los deportistas que pregonaron las fiestas de Villarcayo. O el de los jubilados de la asociación Santa Merina que me invitaron a compartir mesa y mantel  y escuchar a aquellos que han vivido dos guerras, que han trabajado para sacar adelante a sus hijos y que muchos ahora lo hacen con sus nietos. Maestros de la cultura de la subsistencia. Expertos en crisis y recuperaciones. Aquellos que lograron todo lo bueno que ahora tenemos. Pude empaparme de la sabia sencillez que ahora no se aprecia y por ello va mi agradecimiento haciendo mías unas palabras de Don Quijote: «…Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ... Este pecado, en cuanto me ha sido posible, he procurado yo huir …, y si no puedo pagar las buenas obras que me hacen con otras obras, pongo en su lugar los deseos de hacerlas, y cuando estos no bastan, las publico, porque quien dice y publica las buenas obras que recibe, también las recompensara con otras, si pudiera; porque por la mayor parte los que reciben son inferiores a los que dan... Yo, pues, agradecido a la merced que aquí se me ha hecho, no pudiendo corresponder a la misma medida, conteniéndome en los estrechos límites de mi poderío, ofrezco lo que puedo y lo que tengo de mi cosecha...»(Cap. LVIII Libro II) Salud, justicia y libertad.

“El derecho, la justicia y la política”


Es difícil en estos tiempos en los que abundan sesudos manipuladores de la razón, de la opinión y de la verdad, poder nombrar esas palabras sin que te entren ganas de airear un improperio. Entendiendo derecho como la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor, no se puede entender que aquellos a los que la Ley se nos aplica no podamos exigir lo que en justicia es nuestro. Y derecho no es, que las Merindades pierdan el derecho histórico a una justicia basada en la igualdad y la proximidad, a una justicia cercana, por la desmedida ambición de un político que en lugar de hacer política pretende pasar a la historia cargándose una parte de la misma.
 
Cuando la política invade la justicia privándonos de nuestros derechos los gobernantes no lo hacen para favorecer al pueblo, lo hacen para intereses poco claros. Cuando la política se utiliza para proteger a unos cuantos, a una casta, en lugar de respetar el principio constitucional “de que todos somos iguales ante la ley” se pierde la esencia misma de la Carta Magna. Cuando el legislador cambia las reglas y no prevalece esa igualdad pasamos a ser ciudadanos de segunda. En un País donde ni el 5% de sus pueblos tiene más de 20000 habitantes y solo dos superan el millón (datos INE), se gobierna y actúa con modos y maneras urbanitas, por lo que el 95% que vivimos en pueblos pequeños (4892 tienen menos de 1000 habitantes, el 60% del total) estamos literalmente lo que se dice jodidos, pues paulatinamente acaban con todo. Se trata de abaratar costes dicen y por ello, que nos zurzan a los pueblos. Las Merindades, por ejemplo, solo Medina de sus 27 ayuntamientos supera los 5000. Nos han desruralizado, pero a lo malo. Han cambiado el equilibrio por un desarrollo ficticio, nada sostenible e insustentable. Todo no puede mirarse con ese criterio. Para la especulación si tenemos un potencial de ciudad, pero para los servicios básicos no lo somos. No es viable disponer de educación, sanidad, justicia o servicios como los vecinos de las ciudades. Todo no puede ser, alegan. Para eso somos de pueblo, gente ignorante, poco formada y fácilmente manipulable. Tontos en una palabra. Así nos llamó recientemente con malas artes en un juicio en Burgos un picapleitos de ciudad (no necesariamente listo) y que se dice abogado. 
 
Nos quitan médicos. El centro de especialidades no ha empezado a funcionar nunca. Nos parchean y estrechan las carreteras, pero no hacen ni un metro de autovía. Reabren Garoña para beneficio de Miranda. Nos colocan el fracking. Y ahora Gallardón va a dejar a Las Merindades sin nuestro juzgado de cercanía y lo convertirá en una sucursal de Burgos, que llaman una “sede desplazada", o lo que es lo mismo un mero registro de papeles. Pretende también este figura, suprimir los partidos judiciales, y así todos vamos a la capital, donde están los listos según el picapleitos.
 
Que manía tiene la política de cargarse derechos que son justicia histórica. Por ejemplo, ¿Por qué no modifican o suprimen las Diputaciones?. Eso que se creó hace 200 años, para dar servicio a pueblos de menos de 20.000 habitantes (en Burgos todos menos 3) y que pocos saben para que sirve, solo que cuesta un riñón. Siempre se ha dicho que es el sitio idóneo para corruptelas, clientelismo y caciquismo. Un lugar donde 25 señores, no elegidos directamente por los ciudadanos, dicen cómo se reparte la pasta. Donde 21 de esos 25 diputados son de las tres lugares donde no tiene competencias la Diputación. Ese lugar no solo no se quita o se arregla, creando un espacio de representación territorial, al contrario se le dan más dinero y competencias. Y claro está en la ciudad, donde los listos.
 
Pero dirán que criticar es fácil pero proponer no tanto. Por ello puedo asegurar que una justicia cercana es más eficiente y de mayor calidad. Porque la justicia ha de estar lo más cerca posible del ciudadano. Por eso, concentrar sedes judiciales en las capitales de provincia no es que sea una mala idea, es hurgar la herida del mundo rural. Y como decía Don Quijote, recordando lo tiempos llamados “Edad Dorada” y buscando la dicha de la felicidad en su discurso a los cabreros, donde nos confirma que aún hoy nada ha cambiado y seguimos buscando esa dicha: «…no había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había asentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había que juzgar, ni quién fuera juzgado.”(Cap. XI Libro I) Salud y justicia cercana.