miércoles, 7 de mayo de 2014

“Obra social y derecho a decidir”


Cuando estas letras que he puesto con un cierto orden caigan en sus manos se habrá cumplido un desagravio más en Las Merindades: el cierre del centro social de Caja Burgos de Villarcayo. Tras muchas décadas abierto y haciendo posible que nuestros mayores tengan un buen lugar para relacionarse, pasar un buen rato o realizar actividades, la Fundación Caja Burgos (actual gestora del local) ha decidido cerrarlo, pues para cumplir con su plan estratégico hasta 2016 ese espacio no es importante y priorizaran otras actividades con mayor repercusión social. ¿Pero que puede tener más valor social en el mundo rural, donde pocas oportunidades de entretenimiento se tiene, que permitir la socialización de sus habitantes?. No se entiende que la nota de prensa de la Fundación sobre ese plan estratégico recoja de manera preferente que: “Potenciará de manera especial las actividades sociales, para mayores…” y luego cierre sus locales. ¿Quizás sea más prioritario para la Fundación Caja de Burgos mantener el sueldo de los 17 ejecutivos que la gobiernan? La Fundación Caja Burgos considerará más estratégico donar 50.000€ a un grupo musical de la capital que tener abiertos centros de jubilados. Alguien debería explicar porque ha caído el presupuesto de obra social en los últimos 5 años de 28 a 14 millones. Las prioridades estratégicas de la Fundación Caja de Burgos son las que han echado a nuestros mayores a la calle para los que en ella mandan puedan seguir disfrutando de su momio. Espero que la Fundación reconsidere su postura.
Y es que enero nos ha llegado fuerte en noticias controvertidas. Otra cosa que a nadie le ha pasado desapercibida es la apertura de la primera gran superficie en Las Merindades. ¿Pero de verdad era necesario un establecimiento de estas características en Las Merindades?. En mi modesta opinión entiendo que no. El pequeño y mediano comercio de la comarca y en concreto el de Medina, está temblando. El productor local preocupado por la entrada de un distribuidor tan potente. Los otros supermercados generalistas viendo como capear este primer envite. La desilusión no ha tardado en aparecer. Donde las empresas de construcción de la comarca vieron una oportunidad en una obra de 1.2 millones, se quedó en migajas. El mana del empleo tan publicitado por empresa y ayuntamiento ha quedado también en poco o casi nada, ni en Medina. Incluso las consecuencias en el empleo local no han tardado en mostrar su amarga realidad, cierre de negocios y destrucción de empleo asentado. ¿Y el consumidor, sale beneficiado?. Pues quizás sí ¿pero a qué precio?. ¿A que la riqueza generada se marche también al Mediterráneo, como con lo anterior? Una posible solución a tanto desasosiego puede estar en establecer acuerdos con empresas de Las Merindades para que puedan ofrecer también sus productos en ese establecimiento y por tanto en igualdad de condiciones. Sea como sea, el tiempo lo dirá.
¿Y Garoña?, pues volverá a producir pues el dinero manda. Las empresas que también se llevan la pasta fuera de estas tierras han impuesto sus intereses y presiones al Gobierno y este ha tragado, o quizás, los políticos negociadores se han asegurado un sillón en los consejos de administración de esas eléctricas. Y aquí nos venden que es una buena noticia para todos. Otra vez el empleo como excusa. ¿Empleo para quién? ¿para vitorianos o mirandeses?. Aquí otra vez migajas. Y los demás, esos todos que somos la mayoría ¿en que nos beneficia?, ¿nos costará menos la luz?, ¿tendremos mejores carreteras?, ¿volverá aquello que nos quitaron por los recortes en sanidad, servicios sociales o educación?¿Nos asegurará que el juzgado de Villarcayo no desaparecerá?. Todo ello solo tiene la misma respuesta que lo anterior: NO.
Pero claro nosotros no tenemos derecho a decidir unilateralmente nuestro futuro como los catalanes. A nosotros nos imponen las decisiones desde Madrid o Valladolid y sin preguntar. Por eso Gamonal ha sido lo mejor de enero, la prueba de que el error se puede corregir. Llevamos tanto años viviendo la opresión oficial que no les debería suponer mucho esfuerzo a los mandantes escucharnos para compensar mínimamente tanto desagravio. Que dejen de usar ese lenguaje que solo sirve al poder, y utilicen el que le sirve a la gente, el de todos, el de la realidad. Por eso el Quijote nos demuestra que la verdad para Quijano es relativa a la mente que la forja: «Y no porque sea ello así, sino porque andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores, que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos; y así eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa». (Cap. XXV Libro I) Salud y ¡Aúpa Gamonal!.
                                                                              …A esos mayores de Villarcayo