miércoles, 7 de mayo de 2014

“Los jefes de Estado van al baño también. Son hombres”


El otro día cayó en mis manos un maravillo reportaje que Juan José Millas hizo sobre Uruguay y su presidente, Pepe Mujica. Y fue cuando me di cuenta de lo equivocados que están los ritmos políticos españoles. La prestigiosa revista británica “The Economist” ha nombrado País del Año a Uruguay “por su receta para la felicidad humana”, pero como decía Millas: ¿es que The Economist se ha vuelto gilipollas?. Pues realmente no. Bien es cierto que el Pepe es al menos peculiar y atípico como político. Vive en su “chacra” (casa humilde uruguaya) en lugar del palacio presidencial. Dona el 87% de su sueldo a un proyecto de viviendas para pobres. Sus paisanos dicen que “el Pepe es como nosotros, no esconde nada. Él va al supermercado, a la ferretería. Si tiene ganas de comer un churrasco, va a la carnicería. Él hace los mandados, no tiene servicio. Le pasa la escoba al piso. Le gusta conducir su Fusquita (un Volkswagen Escarabajo muy antiguo). Lo ven como a uno de los suyos, pues es coherente aplicando a su vida el grado de austeridad que predica para la de los demás. Cuando vino a España y le llevaron a ver al Rey dijo al ver la Zarzuela que aquello costaba un disparate y que: “no se puede tirar la plata de ese modo cuando hay tanta gente con necesidades”.
 
Vean la diferencia y las similitudes. En 2005, cuando ganó las elecciones el Frente Amplio, Uruguay se encontraba en plena decadencia, derivado del  desastre bancario argentino de 2002 y de las políticas neoliberales anteriores. El paro había logrado que el 40% de la población se encontrara por debajo de los niveles de la pobreza. Los salarios desplomados, la emigración masiva, la inflación insoportable, la deuda externa imposible de saldar. En resumen un país en estado de coma, deprimido, sin interés alguno para sí mismo ni para los inversores extranjeros. ¿A que les suena esto?.
 
Hoy el paro es del 6,5%. Los salarios igual que antes de la crisis. Liderando el ranking de inclusión social, gasto y acceso al trabajo, en relación PIB, de América. Todo ello mediante planes de desarrollo para crear empleo. Recuperación derechos laborales perdidos. Definición de pautas y nuevas condiciones laborales. Y sobre todo una política pensada para la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de las personas, acompañada de una mejor distribución de los ingresos, aumentados gracias a un eficiente, moderno e igualitario control fiscal y recaudatorio.
 
En mi modesta opinión, en España no salimos adelante porque se está haciendo política de salón, no de ciudadanía. Se premia al que más tiene y la carga fiscal e impositiva aprieta al débil. Desde Europa cada día nos exigen más control salarial, más recortes sociales y laborales lo que produce más emigración. Se siguen políticas vacías, de tantos por ciento. La oligarquía energética y financiera manda. En lugar de quitar burócratas, enchufados, coches oficiales, direcciones generales vacias o empresas públicas sin trabajo, se incrementan los ingresos con lo que llaman regularizaciones o se bajan las inversiones diciendo que es control del gasto. Como dice Mujica: no es el perro quien se come el rabo, es el rabo el que atiza al perro. Ahora llegan elecciones y con ello seguro baja el paro. ¿Pero cómo? ¿Generando riqueza o cortinas de humo?.
 
Un ejemplo, según un informe de www.catastrociudadano.es la falta de liquidez de los ayuntamientos tras la burbuja inmobiliaria ha hecho que el Gobierno se invente una regularización catastral masiva para sanear las arcas municipales. Con esta medida y dentro de lo que llaman plan de lucha contra el fraude pretenden ahorrar 8.900 millones y recaudar 6.200. Pero ya imaginan quienes pagaremos anteriores alegrías y despilfarros que en nada han quedado. De momento a la mayoría de los propietarios de Las Merindades el próximo año su IBI les costará un 10% más. Si es que no te pillan con el tejado reformado, sacando la piedra o nuevas ventanas, que entonces el susto será mayor y con 4 años de atrasos de propina. Pero que nadie crea en subvenciones de migaja que nada arreglan. Y nada mejor sería que en lugar de subir el IBI a los que ya cotizamos, pagáramos todos el justo valor de lo nuestro.
 
Pero España siempre ha sido un lugar aficionado a arte de sacar los cuartos y si bien ahora dicen que pagamos todos (¿?), antes solo lo hacía el pueblo llano, los pecheros, (nobles y clero estaban exentos) y en eso siendo Sancho gobernador de Barataria tuvo que ingeniárselas para recaudar y de ello se quejaba un ganadero, de la presión fiscal, de los tributos confiscatorios y de lo que se da sin vender: «Señores, yo soy un pobre ganadero de ganado de cerda, y esta mañana salía de este lugar de vender, con perdón sea dicho, cuatro puercos, que me llevaron de alcabalas y socaliñas poco menos de lo que ellos valían». (Cap. XLV Libro II) Salud.