martes, 3 de mayo de 2011

La gran mentira

           Dos son los grandes problemas a los que se enfrentan aquellos que libre y democráticamente deciden presentarse a unas elecciones: La excesiva y compleja burocracia electoral y la maquinaria del poder establecido. Es difícil presentarse a unas elecciones sin el paraguas de un partido político y más si cabe en pequeños pueblos donde aparte de lo dicho, se le ha de sumar el miedo y el encasillamiento. El ingente papeleo que se necesita para un pueblo de 50 habitantes es exactamente el mismo que para uno de 50.000, con la diferencia que en primero todos se conocen, lo que en muchos casos supone que el apoyar a unos te enemiste con los otros. Cosa que no ocurre en la ciudad donde la mayoría de las personas no tienen ese trato tan cercano. La maquinaria del poder establecido también actúa, pues siempre surge la presión. El si no estas conmigo, estas contra mí. Todo ello lleva a que en la mayor parte de los casos desistir sea la solución, cortándose así la libertad individual.

           Pero si aún así das el paso y decides no apuntarte al carro de los que deciden a nivel nacional, por nada en particular, sino porque crees que la mejor manera de solucionar los problemas de tu pueblo es desde la cercanía y el conocimiento y no desde los despachos y las consignas partidistas. Entonces los grandes buscan convertir las elecciones, en una cuestión de Estado. En este momento no se trata de decidir quien es mejor si Zapatero o Rajoy. Ahora toca pensar quienes son los más capaces, honrados y respetables ciudadanos de los que se presentan para conducir mejor la nave del Ayuntamiento.

           Pero he aquí que aquellos que defendemos un proyecto local o comarcal nos encontramos con la que entre todas es la mayor de las falacias: la gran mentira electoral. Siempre en las municipales se propaga el bulo, ya convertido en rotunda afirmación, que votando a un grupo independiente o a un pequeño partido se perderán las subvenciones y no llegará dinero al pueblo, pues no se tiene representación o fuerza política fuera de la linde. Aquí está la gran mentira y lo voy a explicar. Como regla general, los ayuntamientos se financian de tres formas posibles: con impuestos municipales, aportaciones del Estado e ingresos procedentes de concesiones y valores patrimoniales. Cada una de estas partidas cubre, más o menos, un tercio de los ingresos. Y esto es así mande quien mande. Dicho de otra manera las subvenciones llegan de lo que pagamos todos de impuestos, y por lo tanto no depende de que mande Rajoy o ZP.

           Pero, ¿realmente sabemos cuánto pagamos, como lo hacemos y adónde va a parar?. De entrada los ayuntamientos reciben dinero del Estado y de las Comunidades Autónomas en función del número de habitantes. Cuantos más empadronados, más dinero, pero también más competencias y servicios. Este año el Fondo Especial para municipios garantiza una financiación en los Presupuestos del Estado de 165 euros por habitante. Bien, pero vayamos por partes. Según la Ley de Haciendas Locales, el ayuntamiento está obligado a cobrarnos la contribución, el impuesto de los coches y en algún caso el IAE. También nos cobran las plusvalías y las licencias de obras. Aparte de todo esto están las tasas y precios públicos, dicho en cristiano: la basura, el agua, el alcantarillado, la ocupación de viales, el matadero. También hemos de añadir los ingresos del patrimonio, aquellos dineros que llegan a través de la gestión de los recursos propios, como pueden ser los intereses de cuentas corrientes, arrendamientos, traspasos, adjudicaciones o concesiones.

           Resumiendo, las supuestas subvenciones que traen los grandes partidos se queda en que un tercio lo aportamos los vecinos a través de los impuestos. Otro tercio (en general) se obtiene del propio patrimonio y el tercio que falta lo pone la administración Central y Autonómica, o lo que es lo mismo es parte de lo que ya pagamos de impuestos. Así que de entrada y en general los vecinos subvencionamos dos tercios de las cuentas del ayuntamiento con nuestros impuestos. Un ejemplo del que tengo datos. Villarcayo 2011. Presupuesto 6.560.800 €, de los cuales 2.169.500 € son impuestos y 1.929.000 tasas. Por tanto, los vecinos subvencionamos directa e indirectamente el 62,47% del dinero que entra. El resto lo pone el Estado y las distintas administraciones, según los empadronados, pero también de nuestros impuestos. Insisto nuevamente, los vecinos seguiremos subvencionando a los ayuntamientos mande quien mande. Luego están los extras que dependen de la insistencia, el trabajo y la habilidad de las personas, no de los partidos que mandan. Y si no pregunten a Revilla que pertenece a un pequeño partido y no por ello no se invierte en Cantabria, aparte de lo que le toca por Ley.

           Ya le dijo Quijote a Sancho “Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: ser bien criado con todos y procurar la abundancia de los mantenimientos, que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que la hambre y la carestía.”. (Cap. 51 Libro II). Salud

(A mi amigo Chuchi por plantearme la duda)