viernes, 1 de octubre de 2010

La milonga electoral

1996, 1999, 2002, 2003, 2004, 2006, 2007, 2008, 2010… No, no se preocupen no se trata de una serie de números de un psicotécnico. Aunque si fuera así, la solución es bien sencilla: el siguiente de la lista es el 2011. Porque. Sencillo y me explico: se trata de años de elecciones. De años y fechas de promesas y de milongas electorales. Pero de entre todas las milongas la Dos Mares, se lleva con diferencia el primer puesto por su cansina redundancia y su constante contradicción.

Son tantos los años que llevamos con la cantinela que algunos poltroneros de cargo vitalicio ya no recuerdan que fue lo que dijeron antaño y aún menos lo que expresaron sus compañeros o sus rivales. Digo yo que para algo nos dieron dos orejas y una boca, seguramente para que escucháramos el doble de los que hablamos. Dicho de otra manera, para que pudiéramos prestar atención a lo que se oye para luego poder hablar, ya que algunos olvidan que existen hemerotecas antibocazas que dejan al descubierto a los que solo oyen, porque escuchar requiere esfuerzo y atención. Y es que tienen una gresca que no se aclaran, así que como para entenderlo el resto de los oyentes.

Fue allá por el 96 cuando llegó a Santander el marido de la Botella y en un mitin soltó que si ganaba las elecciones construiría en esos 4 años la Autovía Dos Mares, y digo Autovía o sea gratis, por la cara, sin coste, free, his face. Y gano, claro que ganó, pero por el Escudo volvió, pues su colega Cascos en el 2000 el proyecto clausuró. Pero en 2003, llega Revilla, “el ciclón de Polaciones”, y otra vez vuelve el tema al candelabro. Revilla, tras dar mucho la tabarra consiguió, el 28 de diciembre de 2005, que un Zapatero recién llegado le gastara una de las mejores inocentadas que se recuerdan en forma de promesa: él sí la construiría, pero esta vez ya era autopista. En 10 años un avance importante en las obras: cambiar en la tapa del proyecto autovía por autopista. Bien, bien.

Tras dimes y diretes el asunto se lo cargan los verdes del prometedor ZP argumentando algo que por otro lado era más que evidente: «el impacto ambiental más relevante del proyecto sería el deterioro y la fragmentación de una amplia comarca con relevantes valores ambientales, muy bien conservada y con un elevado grado de protección». Y empezaron las descalificaciones. Que si los ecologistas. Que si desde los ayuntamientos de Burgos pusieron muchas alegaciones. Que si Herrera no apoya. Que si el PP de Cantabria dice que se trata de una «promesa faraónica del Presidente Revilla, una autovía innecesaria frente a la que el Partido Popular defiende otras alternativas». Luego que Herrera ahora si que quiere y pondremos pancartas con dinero de todos para pedir que ZP cumpla sus promesas.

Mientras tanto y a la chita callando otro grupo apuesta por la idea de impulsar un trazado de autovía por la N-234 desde Sagunto hasta Burgos y desde aquí a Santander por Las Merindades como nos prometió la primera vez Zapatero. Porque seamos serios y consecuentes, no se puede vivir con la memoria difuminada. Muchos fuimos los ciudadanos de Las Merindades que salimos a la calle, para exigir una autovía en sentido Sur-Norte, que es lo que realmente necesitamos: una infraestructura que nos comunique con Burgos y con Bilbao y lo demas, bien venido sea.

Cuando nos dejaremos de chorradas y reconoceremos públicamente que nuestros vecinos de Vizcaya, que sí tienen claro qué infraestructuras necesitan, son nuestro principal mercado y no debemos tener reparo en admitirlo. Porque en su mayoría, ¿quiénes, aparte de nosotros, compra pisos, gasta en nuestros negocios o arregla las casas de sus o nuestros antepasados?. ¿A dónde va la mayor parte de la mercancía que producen nuestras empresas? ¿a Zaragoza?, ¿a Santander?. Creo que sería mas que sorprendente que en lugar de ver gente de Vizcaya (muchos de ellos oriundos de estas tierras) pululando por Las Merindades, viéramos en esa misma magnitud y gracias a la Dos Mares a maños, cantabros, madrileños o vallisoletanos. Supongo que esto nos extrañaría tanto como si apareciera un autobús de japoneses con sus cámaras en Návagos o en Munilla.