viernes, 1 de enero de 2010

Si la idiotez consuela

Cada vez estoy más convencido que algunos piensan que este País es tierra de idiotas. Y es más, creen que somos capaces de consolarnos con ese estado de idiotez. Alex Rovira, autor de “la buena crisis” decía en una reciente entrevista que existen dos tipos de personas, las decentes y las indecentes. Pienso que se refería a que las primeras son aquellas que todos pensamos que somos y las segundas, algunas de las que nos rodean y aquellas que lo demuestran. Pero camufladas hábilmente entre esas dos especies aparece una nueva: el idiota; eso si, entendido en su acepción más rebuscada, “aquella persona demasiada convencida de su valer pero sin fundamento para ello”.


Todo esto viene al cuento de que ahora nos toca presidir la Unión Europea, y eso parece ser lo único importante para 2.010, ya que el reto es que Europa salga de la crisis. Eso es algo que parece que lograran los países que de verdad pesan e importan, pero por lo que dicen, algo bastante lejano para España. Creo que nuevamente daremos la nota por mucho que el presidente español haya pasado a convertirse en estadista. Pues ZP no puede olvidarse que las decisiones las tiene que tomar de manera colegiada con el otro presidente, el permanente. Mecachis, se jodío una alianza de europanaciones contra la crisis, por mucho mosca logotipera que aparezca en la tele.

Y es que no acierto a tener claro que tengamos que estar saturados de información sobre los retos de esa presidencia para desviar nuestra atención de la verdadera realidad que tenemos en España. Por eso lo de idiotas. No se puede entender que no se previera nada para amortiguar los efectos de la crisis. Los mandamases han actuado una vez más sobre la marcha y así nos ha ido, bofetada de las buenas. Y no será porque no lo debieran saber, pues ya en el siglo XIX, los estudiosos de esto que llaman economía, notaron dramáticas caídas de la actividad económica a intervalos variables de 7 a 10 años. Demostraron ya en 1863, que las crisis no eran fenómenos aislados, sino parte de una fluctuación cíclica de la actividad comercial bursátil e industrial y que los períodos de prosperidad y crisis se seguían unos a otros. Como estos ciclos son irregulares, algunos más finos los llaman fluctuaciones pero al fin y al cabo todos vienen a coincidir que las sucesivas fases de prosperidad y crisis pueden medirse y estudiarse mediante los métodos de la estadística. ¿Entonces que leches ha pasado? ¿son todos idiotas que ninguno se ha dado cuenta o se ha preocupado?. ¡Que vergüenza!. Ahora toca hablar de pesimismo, pero a mi me parece que de este pesimismo que hablan está bastante cerca de la holgazanería o sencillamente de la indecencia.

Nos hemos acostumbrados a vivir en la abundancia y en una absoluta negación a una realidad dual. Nos negamos a admitir que esta dualidad sigue un patrón claro: luz-oscuridad, sonido-silencio, calor-frío, vida-muerte, masculino-femenino, crisis-bonanza. El yin y el yang de la cultura oriental. La playa y la paella ya no son competitivas, como tampoco lo es el insostenible ladrillazo al que nos han lanzado en los últimos años y que ha permitido que se hicieran en España las mismas viviendas que en toda Europa junta, que entráramos en un estado burbujero sin conocimiento. Ni el Mesías Obama hará nada por nosotros y al tiempo ya veréis, por muy Premio de la Paz que digan se merece.

Vivimos como los habitantes de “un mundo feliz”, pero todos somos ciudadanos Alpha. El avance tecnológico hace pensar a muchos que la solución a todos sus problemas es apretar un botón. Si queremos adelgazar nos ponemos un faja vibradora y nos vamos a dormir. Si queremos saber algo no nos preocupamos en estudiar tenemos el rincón del vago. Comprábamos con dinero que no teníamos para demostrar lo que no éramos a personas que realmente nada nos importan y que nos traen sin cuidado. En este momento en el que vivimos la crisis no es solo económica, lamentablemente vivimos en una crisis de conciencia. La realidad nos ha estallado en el morro.

El crecimiento no puede ser siempre positivo, por eso las crisis son cíclicas, se necesitan para sostener este sistema. Debemos aprender a ser más sobrios, más templados y moderados en lugar de austeros, totalmente sujetos a las normas de la moral. La crisis es sistemática y cumple con una premisa, o salimos todos o no se sale, vale más una pequeña acción que una gran intención. Gandhi ya nos dijo que en la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos. Vuelve a aparecer el indecente.

Por eso, ahora que estamos en fechas de buenas intenciones y encomiendas, (que casi nunca cumplimos) debemos hacer de la longanimidad un arte. Debemos en estos momentos de crisis y adversidad tener grandeza y constancia de ánimo, ser ciudadanos honrados, capaces, justos y decididos a convivir en armonía democrática y en una sociedad donde predomine la libertad y la justicia. Debemos exigir a los que nos gobiernan una verdadera regeneración democrática: Político imputado, político apartado. Nada de aforamientos para que exista igualdad de todos ante la Ley. Menos cargos de confianza y más capacidad gestora. Acabar con el favoritismo a unas personas más que a otras por afecto particular, sin atender al mérito o a la razón. Gestionar el dinero público con transparencia, eficacia y honradez para recuperar el prestigio de las Instituciones y los políticos.